jueves, 30 de diciembre de 2010

La grama y el trébol

(óleo sobre tela, 30 x 40 cm)


Trabajo realizado para Una idea, mucho arte www.unaideamuchoarte.blogspot.com


En el jardín de mi casa pasaban cosas. Una de las más lindas era la presencia de algunos espacios donde crecían tréboles. Con un poco de tiempo y observación se podía encontrar entre ellos un ejemplar de cuatro hojas, de los que dicen ser de la buena suerte.
Según parece, esta variedad de tréboles se desarrolla en suelos poco fértiles. Eso no me preocupaba. Nunca podría ser estéril aquella tierra que regalaba algo tan singular.
Pasé muchas tardes y también mañanas recostada en el césped abocada al encuentro de algún trébol de cuatro hojas. Acariciaba uno por uno, contándoles las hojitas, y cuando ya empezaba a pensar en lo inútil que era mi búsqueda, allí aparecía como por arte de magia, asomando entre los demás, los comunes, los de tres.
En este último tiempo y sin que me diera cuenta la grama bahiana invadió mi jardín y arrasó con los tréboles. La grama es como un colchoncito suave, mullido, y provoca unas muy placenteras cosquillas en los pies. Pero yo extrañaba mis débiles tréboles.
Enorme fue mi sorpresa cuando ayer descubrí una pequeña plantita de trébol que brotaba tímidamente ante la magnífica grama. No sé si conseguirá crecer y multiplicarse, no sé si el de la buena suerte germinará otra vez, probablemente no.
Muchos tréboles de cuatro hojas coseché esos días pasados. Atesoro uno de ellos en un señalador. Los demás los regalé. Quizás alguno, fruto de esas estancias en mi estéril y fecundo jardín, se encuentre atrapado entre las páginas de un libro.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Serie Pueblos: Colonia de Sacramento


(cuadríptico, óleo sobre tela 20 x 20 cm)

Sigo caminando por las callecitas.

Resulta tan lejano ya cuando

cada día era una fiesta recorrerlas.

Vibrar con la alegría de saber que

bajo la cálida luz de algún farol

algo me sorprendería en cada esquina.

Ahora se sienten silenciosas y vacías.

Si hasta las puertas, las ventanas,

los pasajes parecieran cerrados,

como si nada pudiera vislumbrarse.

Como si el tiempo, aquel que me desvela,

hubiera esfumado sus gentes, sus voces,

su música, y lo haya dejado todo detenido así.

Sigo caminando por las callecitas,

pero cuesta tanto reconocerlas.

jueves, 9 de diciembre de 2010

De las preguntas y sus respuestas


(acuarela sobre papel, 25x35 cm)


Joaco con sus tres añitos está en lo que se dice "la edad de los por qué".

¿por qué pintás, Ana? ¿por qué hay nenes que no tienen juguetes? ¿por qué le ponés las gotas a Banca? ¿y por qué te vas?

Me colma de ternura cuando pregunta con esa vocecita tan dulce, casi como cantando. Me encanta. Pero me encantan muchísimo más sus respuestas. Son maravillosas.

¿por qué estás triste, Naty? , preguntó en una oportunidad. Naty le dijo que tenía un día triste. Y ponete contenta y listo.

La vez pasada había estado gran parte de la tarde regando las plantitas de mi patio de los suspiros. Matías Rastas y Martín, aprovechando la situación para generar una nueva instancia de aprendizaje a esta bella criaturita, lo interrogaron: ¿Para qué regamos las plantitas, Joaco? Él los miraba y no contestaba, seguía en su mundo, como distraído del tema. Trataron inútilmente de estimularlo para que responda lo que ellos esperaban, continuaron con su tarea instructiva y terminaron revelándole que el agua es para las plantas como la comida para nosotros. Con el agua toman, la tierra es la comida, dijo finalmente el pequeñito mientras seguía jugando.

Los otros días el tío Mariano le preguntó: ¿Cómo llegaste a la panza de mamá?

Nadando, respondió Joaco inmediatamente con total naturalidad, como si se tratara de algo más que obvio.

Nos dejó a todos sin palabras, sólo nos limitamos a intercambiar miradas de asombro y sonrisas inquietas.

Por las dudas no quisimos seguir preguntando. Y no por evitar perturbarlo en cuestiones que aún desconoce, creo que fue más por temor a perturbarnos con respuestas que ya olvidamos.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Corazón

(óleo sobre tela, 60 x 50 cm)



C O R a Z Ó N
Corazón que da la vida,
se entrega, se derrama,
sueña, vuela, atesora,
se inunda de amor,
se desgarra,
no olvida,
se queda
y se va,
duele.


Corazón de mujer.

jueves, 18 de noviembre de 2010

El remisero

(acuarela sobre papel, 25 x 35 cm)


Vino a buscarme al consultorio médico y subí. ¿Fue de la dra. Amanda, no? Respondí afirmativamente. Y ahí nomás empezó. El diálogo con este conocido remisero siempre se compone de incontables oraciones repletas de muchísimas palabras por su parte y aisladas frases compuestas de un par de monosílabos por la mía.
Por diversas razones, principalmente para no aburrir demasiado al lector y también principalmente porque no tengo capacidad para retener tanta información, voy a sintetizar un poco bastante la conversación.
Médicos como Amanda ya no quedan.
No, es cierto.
Aprendí a mirarlo por el espejito retrovisor, antes, no sé por qué, le miraba la nuca.
Mi padre, ese sí era un médico...
El tema del viaje de esa tarde ya estaba presentado. Hasta ahora me contó sobre la influencia de las retenciones a la exportación ganadera en el precio de la carne, sobre el verdadero frío que era el que hacía antes, cuando era chico y vivía en el campo, entre otras tantas historias. En esta ocasión retomamos las andanzas del padre médico.
Me acuerdo de ver desfilar por el consultorio un montón de mozos que tenían problemas con los pies, y mi padre los trataba. (mis fantasías me traían la imagen de una fila interminable de mozos, bandeja en mano, esperando ser atendidos por el doctor)
Qué bien.
Sí. Una vez mi madre lo retó porque había dejado al alcance nuestro
(se refería a él y sus hermanos) un frasco. ¿Sabe qué tenía el frasco?
No, ¿qué?
Nitroglicerina. Es una mezcla de ... con ...
(no sé qué sustancia química me dijo con no sé qué otra sustancia química, pero a esta altura ya lo olvidé, es una avalancha de desconocidos términos para mí y por más que hago algo de esfuerzo en concentrarme y seguirlo, muchas veces, sino todas, me pierdo). Con eso les curaba las callosidades a los mozos. Quedaban perfectos!! Se iban chochos!!
Ah!
y le sonreí. Pensaba en como quedarían los pobres pies de los mozos después de ser tratados con nitroglicerina.
Sí. Mi padre era un pionero. Utilizaba la técnica de Finochietto (qué técnica sería esa, pero no pude interrumpirlo). Fue el primero en practicar iseminación artificial (ahí ni quise preguntar)
Mm
Hacía rato que quería decirle que no iba para mi casa, pero no me dejaba meter bocadillo.
Y también la t... (no sé cuanto)
¿Y eso qué es?
Parecía que lo estaba esperando, aunque creo que si no le preguntaba iba a explicarme igual.
Es hacer injerto de células de animales, de personas (pariente del Dr Frankestein el hombre), mi padre ya en ese entonces usaba las placentas humanas. Una vez vino un paciente, pobre, no podía dormir. Y le hizo un injerto de células de placenta. Cuando salió del consultorio se quedó dormido en el banco de la plaza durante 24hs! La familia estuvo todo un día buscándolo.
Qué bueno!
Casi largo la carcajada, pero me contuve.
Cuando el remisero alcanza este nivel de exaltación, comienzo a preocuparme seriamente en si voy a llegar viva a final de recorrido. Muchas veces tengo que avisarle: Mire que por acá no es.. o Tiene que doblar acaaá!!... tarde, porque ya siguió de largo. Lo observaba hablar, gesticular dejando el volante a la buena de Dios, y los ojos revolear desorbitados. Tuve suerte ese día, porque nos pasaban los autos raspando en las esquinas y se salvaron milagrosamente varios transeúntes de ser atropellados. Pero a esa altura ya estaba entregada y preferí distraerme con la charla.
Y tenía un ojo!! Apenas veía a los pacientes en la sala de espera ya sabía qué tenían. Haceme pasar a aquel que tiene un cáncer. Impostaba una voz baja cuando interpretaba al padre, grave, seria.
Una vez fue un tipo a hacerse ver. Le contó los síntomas que tenía (no me acuerdo cuáles me dijo, si me hubiera conocido el padre seguro que me recetaba un tónico para la memoria). Entonces le dijo: ¿Y no le trataron el Saturnismo? (el saturnismo? acaso también era astrólogo o algo parecido? Para variar, no sabía qué era, pero lo supe a continuación.) El saturnismo es la intoxicación por plomo. ¿Sabe cómo se dio cuenta? Por la planta de los pies.
Ajá

Cuando se detuvo para respirar pude decirle: Mire que no voy a mi casa, voy a la esquina de Alberdi y Brown.
Bueno, no hay problema...Mi padre revisaba a sus pacientes desde la punta de los pies hasta la punta de los cabellos. Esos eran médicos. No como los que se reciben ahora.
Claro
Estuvo tres años para rendir Anatomía, ahora lo hacen en tres días. Y uno cae en manos de cada medicucho
(sí, y de un remisero delirante también, pensé).
Sabe lo que le dijo una vez el Dr. Ivanissevich, el mejor médico que tuvo nuestro país? Con médicos como vos, Manolo, estamos salvados!
Habíamos llegado, ya tenía un pie en la calle y no podía terminar de bajar, seguía contando y contando. No había forma de detenerlo, encima me da cosa dejar a alguien con la palabra en la boca. Hasta que concluyó muy emocionado: Nunca me voy a olvidar cuando le dijo a mi madre: A mi me pueden dejar en pelotas en medio de Plaza de Mayo y voy a seguir siendo el Dr. Manuel García.
Y fue imposible no conmoverme al despedirlo.
Podría seguir enriqueciendo este relato con más de las insólitas anécdotas que supe sobre el doctor Manuel García en ese viaje, pero no puedo, ya está esperándome en la puerta el remis. Otra vez el Duna blanco! Y bueno, no me queda más remedio que dejarme llevar quién sabe a dónde mientras voy para la escuela.

jueves, 28 de octubre de 2010

La habitación


(óleo sobre tela, 40 x 50 cm)
 

Cuando era una niña compartía la habitación con mis dos hermanas. Yo llegué a este mundo algunos años después que ellas y no había espacio para otra cama. Así que cuando mis padres se percataron que ya no entraba más en la cuna agregaron un sofá de una plaza y es ahí donde me tocó dormir.
Me fastidiaban bastante los preparativos de cada noche. Es que cuando uno tiene sueño, bueno, cuando tengo sueño quiero llegar a la cama, enseguida meterme en ella, dormirme y soñar. Pero no, yo tenía que abrir el sofá, cosa que me costaba mucho, buscar las sábanas, la frazada, la colcha y la almohada, no sin antes convencer a Pipo, mi gato negro, para que se bajara por un ratito y me dejara hacer la cama. Pipo se quedaba esperando sentadito en el piso, siguiendo todos mis movimientos y cuando estaba todo listo conmigo ya arropada, pegaba un salto y se acurrucaba a mis pies. Allí dormimos muchísimas noches, Pipo y yo.
Desde entonces deseé un cuarto para mi sola, con una cama bien grande y poder dormir desparramada en medio de ella.
Ahora tengo esa habitación con la que soñaba. Sin embargo, los otros días Naty me hizo notar que sigo durmiendo acurrucada en una punta de la cama, el resto queda intacto como recién tendido. La única diferencia es que ya no está ni Pipo ni nadie.
 
 

domingo, 17 de octubre de 2010

Mamá en la cocina

(óleo sobre tela, 50 x 70 cm)


No existe otro lugar como la cocina de la casa de mis padres. Es especial, casi mágica diría.
Pura calidez. Al mediodía el sol se mete de comedido, entonces llena de luz la mesa y es de lo más lindo almorzar allí y que nos acaricie la cara.
Son deliciosos los aromas que de ella nacen. Todo empieza bien temprano con el olor de las tostadas, del pan casero, le sigue más tarde la obligada sopa, el menú del día con las ollas trabajando a todo vapor, y cuando se prepara alguna masita o un budín para la tarde el olorcito nos viene a buscar por donde estemos y allá vamos como encantados por su hechizo.
Nunca falta el gatito de turno haciendo piruetas por la reja de la ventana y mucho menos los tangos que suenan en la vieja Ranser. Los gatos y el tango son un verdadero clásico de este lugar.
Por las noches se transforma, yo lo he comprobado. Es silencio, es quietud, deja que salgan los pensamientos más profundos, se aclaran las ideas y se gestan otras.
Es una cocina generosa, todo lo brinda. De pronto salen improvisados sandwichitos, pancitos con manteca, una infusión calentita, una copita de guindado, cualquier cosa, pero siempre envueltos en muchísimo amor, y así fluyen las miradas, las palabras, las charlas, las confesiones.
Tantas circunstancias han tenido a esta cocina de escenario. Ha sido testigo de toda mi vida. De ella siempre vengo y a ella siempre voy.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Gomería

(acuarela sobre papel, 25x35 cm)

El lunes pasado hice mi primer visita a una gomería. Estacioné el auto lo mejor que pude en la puerta, se acercó un empleado, le señalé la cubierta con problemas e inmediatamente se puso a trabajar. Busqué un lugar que no entorpeciera su actividad y me quedé paradita observando cada una de las operaciones que realizaba. Trabajaba en el más absoluto de los silencios, yo tampoco hablaba, me intimidaba un poco encontrarme allí. Aflojó fácilmente un par de tornillos, puso el criquet, sacó la rueda, la colocó en un aparato que separaba la cubierta de la rueda, de ahí a una pileta hasta dar con el clavo, con una herramienta borró la pinchadura, de ahí a otra máquina, luego a otra, y así y así, hasta vuelta a colocar en el auto, quitar el criquet, ajustar los tornillos y listo. Terminó cobrándome diez veces menos de lo que yo suponía costaba el arreglo. Cuando le fui a pagar no pude resistir la tentación de adentrarme un poco más en el local y curiosear con disimulo su interior buscando el típico almanaque sexy que tiene que haber en toda gomería. Vi un enorme afiche con motivos de autos, modelos de tazas para todos los gustos, herramientas colgadas, pero almanaque de ese estilo ninguno.
Siempre había imaginado al trabajo en una gomería muy duro y sacrificado, en precarias condiciones y con herramientas rudimentarias. Se me hacía también que los empleados serían en su mayoría atrevidos, descarados y de pensamientos libidinosos.
Y bueno, se me cayó un mito.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Caminos en acuarela

Este mediodía regresaba a casa como siempre. Mismo camino, mismo automóvil, la música sonando y mis pensamientos rumiando por ahí.

Un hecho trivial alteró la monotonía del viaje. Un atasco en mi camino me hizo detener la marcha para darle paso al vehículo que avanzaba hacia mí. Para mi sorpresa, el conductor se detuvo y gentilmente esperó a que yo pasara primero. Lo hice inmediatamente, no fuera cosa que se arrepintiera de semejante cortesía en los tiempos que corren. Por supuesto agradecí con el típico ademán que se hace en estos casos y diciendo gracias (como si fuera a escucharme…). Me respondió el saludo. Quedé sorprendida de tanta amabilidad. Hay gente amable, dije.

Ni bien llegué a la esquina, un auto, que parecía desarmarse en cualquier momento, casi me embiste al intentar girar repentinamente.Gente loca, dije.

A partir de ese momento me encontré jugando a calificar a todo conductor que se me cruzara. Gente apurada dije, cuando un auto blanco pasó como una estrella fugaz atravesando la calle a toda velocidad. Gente indecisa dije, cuando el del auto de adelante no sabía si avanzar o seguir esperando para cruzar la avenida. Gente, gente, gente… Gente molesta! fue mi última calificación para el vecino de enfrente que siempre deja su automóvil justo en la entrada a mi casa.

Gente desconocida terminé diciendo cuando detuve la marcha. Gente desconocida fue mi compañía en la soledad de mi trayecto y despertó esa tonta disposición que tengo para fantasear disparates.

viernes, 27 de agosto de 2010

Luna llena en Colonia


(acuarela sobre papel, 25 x 35 cm)


"En el majestuoso conjunto de la creación, nada hay que me conmueva tan hondamente, que acaricie mi espíritu y dé vuelo desusado a mi fantasía como la luz apacible y desmayada de la luna." Gustavo Adolfo Bécquer.
 
Ya casi amanece y llevo a Rochi a la estación. Voy prácticamente dormida, apenas me encuentro saliendo del último sueño. Trato de atraparlo en mi memoria porque si no intento recordarlo ahora sé que enseguida va a quedar por ahí perdido. En eso estoy cuando se ilumina mi mirada al hacer su aparición por el espejito retrovisor, gigante y amarilla. Ay.... cómo poder describir todos los sentimientos que empiezan a brotar de mí mejor que lo expresado por Bécquer, imposible. Pero es breve, brevísimo, de pronto la pierdo con solo doblar en una esquina. La busco, doy vueltas y vueltas sin rumbo por estas solitarias calles de mi barrio y nada. Quizás como nunca necesito encontrarla, seguir contemplándola y perderme en ella un poquito más. Es inútil, ya no está, seguramente se encuentra oculta bajo el horizonte de mis ojos. Oculta como mi más reciente sueño y como tantos otros que no pude alcanzar. Pretensión absurda la mía, querer inmortalizar un destello.

domingo, 1 de agosto de 2010

Serie "Bares": El Samovar de Rasputín

(óleo sobre tela, 100 x 60 cm)

Ayer terminé "El Samovar" en el taller de los pintores del lago. Se acercó mi profesor y me dijo que es una pintura femenina. Vinieron mis compañeros y comenzaron a observarla, tratando de captar y dilucidar si era ciertamente femenina. Entonces le pregunté a Jorge: ¿Cuándo una pintura es femenina? En primer lugar me aclaró (afortunadamente) que no se trata para nada de desvalorizar una obra porque pertenezca a una mujer, sino que tiene un no sé qué, transmite que hay una mirada femenina. Mencionó a grandes artistas como Lola Mora, Camille Claudel y Frida Kalho. Y sí, aunque las pinturas de Frida sean tan crudas, tan trágicas, son absolutamente femeninas.
La conversación continuó sobre las sensaciones que provoca pensar en cuanto a arte. Por ejemplo, la poesía. Jorge decía que cuando él piensa en poesía, piensa en la noche y una mujer. Sería muy extenso reproducir aquí todos los comentarios que se dispararon sobre el tema, cada uno con sus preferencias...
Continuó su imperdible clase contando que una pintura, así como un poema o una melodía, narra algo. A veces eso que narra puede ser percibido por el espectador, y otras permanece oculto. Y se narra de distinta forma, con distintos estilos. Mi cuadro, parece que narra al estilo de García Márquez, según Jorge y mis compañeros, por el detalle y la diversidad de elementos que contiene, además de tener un dejo de estilo mexicano o centroamericano, por el uso del color.
El análisis derivó luego en gustos literarios. Hubo quien prefería a García Márquez con todos sus personajes, donde cada cuento suyo es una novela chiquita, como "El ahogado más hermoso del mundo", hermosísimo cuento por cierto. A otros les gusta más Borges, o Cortázar, pocos personajes en sus obras, pero muy significativos, como Funes el memorioso, o los dos hermanos en Casa Tomada.
Regresando cada uno a su tarea, Jorge se acercó y me hizo recordar algo que me había enseñado en las primeras clases. Una pintura tiene que provocar algo en el espectador, no tiene que ser fácilmente comprensible a su mirada, así tendrá que detenerse en ella un tiempo observándola, analizándola, luego le gustará o no, pero seguramente no podrá seguir de largo.
Cuando llegué a casa y le mostré el cuadro a Rochi, me preguntó "¿Por qué el perro es azul?", y no pude más que sonreír.

jueves, 22 de julio de 2010

Bianca

(acuarela sobre papel, 25 x 35 cm)


Aquí estás, Bianca, mi gordísima, mi chiquita gigante. Cuánto te quiero. Aunque duermas en mi cama cuando no estoy (te aclaro que me doy cuenta cuando llego, porque encuentro mi cama calentita y repleta de tus pelos).
Amiga sincera si las hay. Sé por vos que toco terriblemente mal el piano. Cuando lo hago, a veces te recostás en el sillón, te hacés la dormida y cada tanto suspirás bien exageradamente para que yo lo note. Otras veces directamente me sacás la mano del teclado con tu hocico y ponés tu gran pata sobre mi regazo, tengo que acariciarte un largo rato para dejarte satisfecha y vuelvas a tu natural posición, desparramada en el suelo, o en algún sillón de la casa.
Buscadora de tesoros. Cuando te hiciste de algún trofeo, como ser un repasador, una pantufla, una media, alguna prenda mía, venís enseguida a mostrarme. Yo ya lo presiento cuando te escucho llegar, es inconfundible tu andar triunfante. Después se viene el circuito chico alrededor de la mesa del comedor, y el grande, pasillo - lavadero - cocina. Puede pasar mucho tiempo hasta que te pueda atrapar, no hay obstáculo que ponga que pueda con vos. Y si no encontrás nada interesante, aprovechás el descuido de alguno que dejó la puerta abierta del baño, te llevás el papel higiénico y me lo repartís en pedacitos por toda la casa.
Glotona sin remedio. ¿Cuántas empanadas me robaste de la mesada? Ya ni recuerdo. Creo que llevás unas cuantas docenas en tu haber, sin contar la media tarta de jamón y queso, varias porciones de pizza, las albondiguitas congeladas que tenía reservadas para el estofado, y en más de una ocasión mi tostada de pan integral con queso y mermelada que me preparo para el desayuno. Tu último atracón fue imperdonable, te tomaste el aceite de la sartén, y con qué esmero la dejaste reluciente!. Ni me quiero acordar lo que tuve que limpiar después, y de las patinadas que me pegué en la cocina. Si hasta te comés las miguitas que dejo en el jardín para los pájaros.
Perra hipocondríaca. Sí, escuchaste bien, hi-po-con-drí-a-ca. Tu historia clínica en la veterinaria es interminable. Si no es otitis, un parche caliente o te hinchás como un sapo por una picadura de abeja, pegándonos flor de susto. Y ahí andás, contenta con tu collar isabelino a cuestas, llevándote paredes, muebles y toda suerte de objetos por delante.
Compañera en los paseos. No digo te saco a pasear porque estaría faltando a la verdad, creo que vos me sacás a pasear a mí, me traés la correa para salir. Sucede lo contrario al común de los casos, la que va adelante soy yo tironeando de la correa para hacerte caminar, ni hablar cuando te sentás, me mirás con esa cara como diciendo hasta aquí llegó mi amor y no hay quien te haga levantar. Sólo llevás la delantera cuando divisás algún gato distraído del barrio. Ahí sí, pobre de mí, me tengo que agarrar de algún poste, una columna, una reja para que no me lleves como un barrilete. Pero cómo te gusta cuando te dicen piropos por la calle, vas moviendo tan graciosamente las caderas, y tu cola va de aquí para allá como un plumero, que nadie duda de tu condición femenina. Tampoco se te escapa ningún pañuelito de tissue en el recorrido, me tengo que poner muy enojada y gritarte "Soltáa!!" para que lo dejes, y a veces te los tengo que sacar. En esos momentos te mataría, mirá. Igual te encanta pasear conmigo, se nota en las miradas risueñas que me regalás en el camino.
Juguetona como pocas. Me traés la pelotita para jugar, tengo que hacer grandes esfuerzos para sacártela de la boca. Te tiro la pelotita llena de baba y vas corriendo a buscarla. Cuántas veces sucede esto? No muchas. Una vez vas corriendo, a la segunda vas caminando, y ya en la tercera ni te molestás en ir a buscarla.
Intuitiva e incondicional. Aquí estás, Bianca. Te conozco tanto. Me conocés tanto. Sabés de mis tristezas, y ahí estás para secarme las lágrimas y sacarme alguna sonrisa, de mis soledades, y ahí estás pegada a mí como mi sombra. No quiero siquiera pensar en cuando tengamos que despedirnos. Pero no, no pensemos ahora. Prefiero mirarte, y que me mires. Basta mirarnos, Bianca.

domingo, 11 de julio de 2010

Serie "Bares": El Drugstore - Colonia del Sacramento

(tinta y acuarela sobre papel, 25 x 35 cm)


Un encuentro en algún bar
de algún otoñal mediodía.
En la mesa el vino, el pan
y una ensalada bien fría.
Acompañando a la música
de los platos y cucharas,
envueltas en cálida brisa
resuenan nuestras palabras.
No lo sé, sospecho que
tiene algo especial el día,
sobre el colorido mantel
tu mano busca a la mía.

martes, 22 de junio de 2010

Ventanas


(acuarela sobre papel, 25 x 35 cm)

Cuando salgo a caminar me gusta imaginar lo que está sucediendo en ese preciso instante detrás de todas las ventanas. Mis fantasías varían según la hora del día. Muchas veces se van nutriendo de los aromas y sonidos que las ventanas me hacen llegar.
Así, por las mañanas, el olor del café y del pan recién tostado, la radio anunciando la hora y la temperatura, dan cuenta que allí todo comenzó, sus ocupantes ya están subidos a la gran rueda del nuevo día. Algunos apurados, como siempre, yendo y viniendo por las habitaciones, abriendo y cerrando puertas y conversaciones. Otras ventanas silenciosas me dicen que están todavía remoloneando en la cama, sabiendo que hay que cocinar el nuevo día, pero permitiéndose algo de licencia para empezar. También encuentro ventanas cerradas, me hace suponer que todos duermen allí, algunos solos, otros acompañados, inmersos en vaya a saber qué sueños. Aún no comenzó para los que duermen. El día es futuro.
Por las noches el panorama es por demás fascinante. Las ventanas filtran la luz del interior de las viviendas. En algunas se nota que todos han regresado de su día. Ruidos de platos, olorcito a comida, los televisores encendidos hacen juegos de luces en las ventanas. Puedo imaginarlos alrededor de la mesa, intercambiando miradas, contándose y compartiendo cosas mientras cenan. Hay ventanas que todavía esperan la llegada de sus dueños, estarán en alguna parte, ansiosos por dar fin a una dura e intensa jornada. Y están aquellas ventanas cerraditas, donde apenas logra vislumbrarse una tenue lucecita, con sus habitantes soñando nuevamente. Ya terminó para los que duermen. El día es pasado.
Otras vidas con sus historias, ajenas, desconocidas y simultáneas a la mía.
Mientras tanto sigo caminando. Voy disfrutando, de tanto en tanto, del delicioso ruidito que se siente al pisar ciertas ramitas amarillas de no sé qué variedad de árboles cuando, aparentemente secas, aún conservan algo de vida en su interior.

sábado, 12 de junio de 2010

Un haiku para mi ginko


(acuarela sobre papel, 20 x 30 cm)


ginkos dorados
como siempre en otoño
y en mi vida.

martes, 8 de junio de 2010

Colonia

El fin de semana que pasé en Colonia fue particularmente reparador y un verdadero sosiego para mi espíritu.

Caminé por sus callecitas maravillada, colmada de placer, no hacía otra cosa más que contemplarlo todo a mi alrededor. Me entregué al paisaje y respiré profundamente aquel aire cargado de un no sé qué, me es difícil de poder explicar con palabras.

Mi estadía fue demasiado corta para mi gusto.

Últimamente el tiempo no me alcanza, siempre me deja con ganas de más, todo es tan breve.
Me prometí volver, permanecer en ese lugar encantador, que el tiempo me pierda y me deje disfrutar un poco más.



Imágenes, miradas, aromas... Vivencias que quedarán por siempre dentro de mí, a pesar del tiempo.


domingo, 6 de junio de 2010

Los comesebos y el chingolo

(acuarela sobre papel)

Nos encontrábamos en un paisaje desolado por la erosión del tiempo. Allí, sobre una enorme piedra, revoloteaban muchos pájaros de colores vibrantes. “Comesebos” se llaman, me dijo el guía, y dándome una masita, al segundo todos vinieron a comer de mi mano. Uno fue bastante audaz, apoyó sus patitas en mi dedo y se quedó un rato largo. Entre esos pájaros coloridos había un chingolo, pero los otros no lo dejaban venir. Repartí entonces la masita por toda la piedra y así comieron todos a la vez. El chingolo pudo acercarse aprovechando el alboroto y la distracción de los demás, y comió algunas miguitas.
Cuando me quise dar cuenta, todas las personas se habían ido. El guía tuvo que venir a buscarme.
Me pregunto qué hacía ese chingolito tímido, acaso postergado, entre aquellos pájaros de atractivos colores, tan diferentes a él.

jueves, 20 de mayo de 2010

Pájaros


(óleo sobre tela, 50x40 cm)

Me encanta recostarme en el pasto y desde aquí, contemplarlo todo. Los árboles estirándose para alcanzar el cielo. Sus ramas balanceándose en el aire con un suave movimiento ondulante. Desde aquí puedo ver las nervaduras de cada hojita juguetona, por donde fluye la savia que les da vida. Cada tanto una bandada de pájaros sobrevuelan el espacio de mi ventana al universo.

Es aquí, recostada en el pasto, donde por un momento tomo conciencia de mi ser en este mundo, y, a su vez, de pertenecer a él.

Atrás, debajo de mí, siento la tierra que me sostiene, firme, sólida. Adelante, arriba mío, el cielo con todos sus astros que me envuelve, etéreo, ilimitado. La tierra que me afirma: “aquí estás, aquí te tengo”. El cielo que me interroga: “¿en qué sueñas?, ¿a dónde quieres ir? “.


jueves, 13 de mayo de 2010

Serie "Pueblos" - Siesta en Purmamarca

(óleo sobre tela 40x50 cm)

Mujer de Purmamarca, en tu mundo
de polvorientas calles,
de sencillas casas de adobe,
bajo un cielo azul celeste,
al pie del cerro de siete colores.
Mujer de Purmamarca que tejes
con el arcoiris en tus manos,
telas, tapices, gorros, bufandas,
y acunas a tu niño en un aguayo.
El sol de la tarde te alcanza.
Descansa mujer, descansa.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Serie "Pueblos" - Ribeirão da Ilha

(cuadrípticos en óleo sobre tela 24x30 cm)

cómo recuerdo
la suave brisa del mar,
el sabor a sal.

lunes, 10 de mayo de 2010

Eternidad


(óleo sobre tela 50x60)


Llegamos al glaciar Perito Moreno y emprendimos el minitrecking. Comenzó a nevar otra vez. De pronto me encontré en un paisaje blanco matizado con azules intensos y la nieve cayendo lentamente, porque la nieve cae así, en cámara lenta, envolviéndome de manera suave y amorosa. Me sentí transportada, todos los demás habían desaparecido, silencio absoluto, lejos, muy lejos de este mundo. El tiempo, como todo lo que había allí, se había congelado. En un primer momento el único pensamiento que venía a mi mente era que tendría que plasmarlo de alguna forma, pintarlo, escribir, para que no se esfumara de mi mente. Sólo deseaba quedarme por siempre, envuelta por esos copos de nieve suspendidos en el aire que no dejaban de danzar. Inmenso paisaje blanco y azul que me susurraba los secretos que guardan sus montañas, su bosque, sus hielos eternos y cada recóndito lugar, imposible de vislumbrar, al que conducen aquellas grietas. Algo encerraba todo aquello, algo oculto, misterioso, me invitaba, insistía en revelarse ante mi. Visualicé finalmente la imagen de un amor entregándose por el infinito, fuera de todo tiempo y dimensión.

sábado, 8 de mayo de 2010

Serie "Mandalas"

(acrílico sobre madera 30x30 cm)

Dicen que dibujar, pintar o solo contemplar mandalas te ayuda para conectarte con aquel lugar de paz y silencio que reside en tu interior, con tu esencia.

También dicen que contribuyen a irradiar armonía.



Así que...

    cuando te sientas solo
    sin energías
    si hay algo que te desvela
    estás de mal humor
    o sientas que está todo perdido

    o no encuentres las palabras adecuadas para describir lo que te pasa...

tenés mis mandalas para contemplar, para que encuentres serenidad.
Y, si te animás, pintá nuevos mandalas y dejá brotar todo de tu interior.







viernes, 7 de mayo de 2010