sábado, 31 de diciembre de 2011

Enfermera diplomada

(carbonilla y tiza sobre papel, 35 x 50 cm)

Julieta Contreras debería haber llegado a la medianoche para suministrarle el antibiótico a mi padre. No apareció. Tampoco a las seis de la mañana, hora en que correspondía la siguiente dosis de un tratamiento que no podía interrumpirse. No hay señales de ella, no contesta las llamadas al celular y es imposible dejarle mensaje alguno. Sólo que, durante la tormenta de anoche, un rayo la alcanzara y la haya desintegrado, o un cable de altísima tensión cayera sobre su extenso cuerpo y muriera carbonizada, o se ahogara después de haber sido arrastrada por la corriente y terminara aspirada por el agujero de una alcantarilla descubierta, o quizás muriera estrangulada por no poder pasar por ese agujero, o que algún árbol de todos los que cayeron, o todos juntos, mejor, la hayan aplastado y dejado desparramada en miles de pedacitos por la vereda. Eso, sólo eso podría llegar a ser una causa justificada. O mis mejores deseos para ella con motivo de las inminentes fiestas.


participación en Una idea... mucho arte

y llegó tarde para la propuesta "La otra navidad"

de La esfera cultural

jueves, 22 de diciembre de 2011

La Ventana


(óleo sobre tela, 80 x 80 cm)

Después del naufragio la imaginé hundida en el fondo del océano y allí la abandoné por algún tiempo. Todas las noches la observaba. Siempre ahí, detrás del ojo de buey con la actitud de quien trata de vislumbrar una salida. Llegó a fastidiarme tanto que pensé en borrarla o ahogarla de una buena vez, no soportaba verla en ese interminable intento de salir, sin hacerlo nunca.

La transformación comenzó a partir de ese pensamiento. Tomó la decisión de emerger y me pareció razonable. Lo que fue el ojo de buey de un barco hundido pasó a ser una simple ventana redonda en un muro de color rojo rabioso. Los cambios no le sentaban nada mal, pero persistía cierta incomodidad. Su larga cabellera pasó por periodos de intensos amarillos, luego verdes, para quedarse en el azul y traspasar los límites del marco circular. No recuerdo bien qué vino después, si el seno que juntó coraje y se desbordó al salirse del sostén, o las manos. Ya no puedo asegurar que esas manos le pertenecen, si serán de ella o serán mías, en fin, da lo mismo.

Esta mujer fue ganando tantos espacios y adquiriendo una entidad tal que verdaderamente llegó a preocuparme. Temí que se saliera del cuadro, y entonces di por finalizada la obra. Luce así en la actualidad. Por ahora. Porque sospecho que seguirá moviéndose.

Dueña de una libertad que ni ella misma conoce, me dijo cuando la vio.

Y puede que así sea.