viernes, 24 de agosto de 2012

Naturaleza muerta

Desde el diván habló de la tristeza que insiste en adueñarse de su voluntad. De una antigua angustia que regresa en medio de la noche como un espectro. De la suma de acontecimientos desafortunados que coinciden en desencadenarse al mismo tiempo. Del agua. Del agua que empapa las paredes del cuarto. Del agua que cae incansablemente sobre su cuerpo, representación pictórica, objeto inanimado de una naturaleza muerta. Del agua que corre silenciosa entre los cimientos destilándose en los sueños. Del agua salada que se acumula y de los vanos intentos en contenerla.
Desde el diván se ahogaron las palabras.




viernes, 20 de julio de 2012

El mito de Apolo y Dafne


"El mito es la parte oculta de cada historia, la parte sepultada, la región que todavía está sin explorar porque todavía no hay palabras que nos permitan llegar allí...El mito se alimenta del silencio tanto como de las palabras"
Italo Calvino
Los protagonistas.
Apolo, de esencia y naturaleza divina. Dios del sol, la medicina y la curación, la verdad y la profecía. Patrón de la música, la poesía y el arte, razón por la cual las musas habitaban junto a él.

Dafne, una ninfa. De espíritu también divino, pero menor que los dioses, claro. Extremadamente bella. Su presencia vivifica a la naturaleza y también las pasiones de cuanto mortal o inmortal encuentre a su paso.

Eros, dios del amor y el deseo. Responsable de un sinfín de enredos amorosos entre dioses, semidioses, ninfas, hombres, mujeres, querubines y demás almas de este y de otros mundos.

El cuadro de situación.

Dafne, como ninfa que era, se encontraba en plena preparación de su última metamorfosis.

Apolo, en cambio, habiendo acabado con la temible Pitón, andaba aburrido por ahí, canturreando y tocando la lira, regalo de Hermes.

Eros iba muy entretenido haciendo de las suyas, creando lazos de amor, a puro flechazo.


Los hechos.

Quiso la providencia reunir a los tres en los jardines de Delfos. A Apolo se le cruzó Eros entre ceja y ceja. A Eros no le tembló el pulso para lanzar su venganza. Y a Dafne la incluyeron en el pleito por pura casualidad. Aunque las casualidades no existen, al universo le gusta un poco de diversión de cuando en cuando.

Las dos flechas fueron certeras. Apolo recibiría el oro despertando en él un deseo desaforado de poseer a la ninfa. Dafne, premiada con cargar de por vida todo el peso de la flecha plomiza. Eros, misión cumplida, se esfumó, para variar, dejando a la buena de Zeus a sus flamantes víctimas.

El espanto llevaba a la ninfa volando por el bosque y desaparecía del acosador con inusual rapidez cada vez que éste se le acercaba. Pero el deseo que ardía como un torbellino de fuego dentro de él era capaz de arrasar con cualquier obstáculo. La persecución no duró demasiado tiempo y Apolo finalmente la alcanzó.

El desenlace.

Dafne pudo ver en un flash su vida en manos de Apolo. Adiós proyectos, sueños y deseos de libertad. Desesperada invocó la figura de su padre, el río Peneo, como último recurso. Peneo logró impedir que fuera de Apolo, convirtiéndola en un árbol de laurel. Tremenda libertad le fue otorgada.

Dicen que el deseo de Apolo de poseer a la hermosa ninfa persistió y que luego de varios intentos frustrados llegó a su territorio lunar un día como hoy hace exactamente cuarenta y tres años y plantó bandera en ella.

También dicen que es mentira y que, en algún momento de esta historia, Apolo descendió de la categoría de astro rey a la de asteroide, condenado a orbitar alrededor de la tierra del laurel eternamente.

En tanto que Dafne, se resiste a la condena de ser un simple ornamento y continúa velando cual crisálida su transformación.

martes, 1 de mayo de 2012

El cuarto de Tula


Lo primero de todo es honrar al sueño y respetarlo.
Así habló Zaratustra. F. Nietzsche


Fue en una caliente noche caribeña.  Tula en su cuarto, tratando de dormir. Recordaba las palabras del sabio, “debes reconciliarte contigo misma”. ¿Te perdonaste todas las culpas, Tula? Sabía que para dormir bien debería llegar a hacerlo. ¿Hallaste las diez verdades del día?  Tula no distingue ya la verdad de la mentira. Su alma seguía hambrienta. ¿te reíste hoy lo suficiente? Quizás. Pero de dónde la angustia, el nudo en el estómago. ¿estás en paz con dios y con el diablo? Y Tula rumiando. Las preguntas del sabio, la soledad, la noche, la ausencia, el corazón sangrando. Resignada, esperaba el día. Un calor sofocante inundaba su cuarto, y a esas horas solo deseaba despertar sobre el mar. Parece que al señor de los sueños le dio pena, porque finalmente vino por ella. Cerró sus párpados. Tocó su boca. Se apoderó de sus pensamientos, como dice el sabio. Tula, sin pensamientos, liviana como una pluma, se dejó llevar por extraños mundos de amor y locura. Y sucedió que se encendió como nunca. Su cuarto destellaba. Alguien gritó “Tula cogió candela!!” y todo el vecindario corrió para apagar el fuego. Allá fueron  Ibrahim Ferrer, Elíades, Puntillita. Carlos se quedó mirando.
Son muchos los que no creen la historia del sabio y del señor de los sueños. Afirman que Tula se encendió porque se quedó dormida, no apagó la vela y ya.