sábado, 29 de enero de 2011

El rapto de Europa, y después…


(óleo sobre tela, 50x60 cm)

Trabajo realizado para Una idea ... mucho arte

Dicen que apenas Zeus conoció a Europa se enamoró perdidamente de ella. No sé si los problemas serían allá en el monte Olimpo, con Hera, su mujer, si serían acá en la tierra de los mortales, con la familia de la bellísima Europa. Pero algo impedía que Zeus pudiera conquistarla abiertamente y amarla de cara al sol sin necesidad de transformarse en un manso toro blanco y raptarla. Acaso haya sido timidez, o miedo a que Europa se asustara de él y lo rechazara, es difícil imaginar un dios como Zeus tímido y miedoso. En definitiva actuó como todo mortal, sacó uno de los miles de personajes que llevaba a cuestas y se lanzó a la conquista.

El caso es que Europa se colmó de ternura al verlo y se enamoró de él. Cuentan que consiguió raptarla, cruzaron mares y mares y terminaron amándose bajo un árbol de plátano en la isla de Creta. No creo que fuera la isla de Creta exactamente el lugar para el encuentro, ni tampoco un árbol de plátano. En la isla de Creta no abunda ese tipo de árboles. Así que el sitio elegido podría haber sido la isla de Creta, o la isla de Cozumel, o la de Cronos, y el árbol pudo haber sido un plátano, un algarrobo o un ombú. Eso no importa, estoy segura que no sería un lugar de este mundo ni sería en un tiempo ordinario. El misterio hizo que allí se reconocieran el uno al otro desprovistos de toda máscara, caminaran juntos por los infinitos laberintos de sus almas y se amaran más de lo que se pueda llegar a comprender.

Zeus regresó a sus quehaceres en el monte Olimpo y a sus travesuras en la tierra de los mortales. Antes de marcharse se aseguró que a Europa nada le falte y que tuviera una vida feliz. Así le dejó tres hermosos hijos, frutos de ese amor divino. También le entregó tres regalos mágicos: Talos, el autómata de bronce que por las noches recitaba increíbles historias. Una jabalina certera que se arqueaba como cuerda en las manos y provocaba una música maravillosa. Y Laelaps, el perro que jamás perdía su presa, aunque a veces lo olvidaba y bailaba alrededor de Europa como loco.

Larga y triste fue la despedida entre Europa y Zeus.

Dicen que aún se encuentran despidiéndose, ¿dónde? En algún lugar de la tierra de los sueños, ¿cuándo? A la hora veinticinco. En el único lugar y tiempo posibles.

sábado, 15 de enero de 2011

Serie Cuentos para mujeres salvajes: "Piel de foca, piel del alma"

(óleo sobre tela, 50 x 70 cm)

"sólo querrás descansar en la roca cerca del alma y respirar con ella.” C.P.Estés

Aquella mujer había perdido su piel. Nadie lo notaba. Su creciente palidez, su falta de luz. El tedio poco a poco iba transformando en desierto su entorno. Pudo haber sido exceso de amor, o la falta total de él, o ambas cosas en distintas circunstancias.

Pero casi sin querer, en el momento menos indicado y tal vez siempre esperado, algo sucedió. Soñó. El agua bañaba todas sus imágenes oníricas. Una vez una entrañable anciana vino para contarle historias de amores secretos. Otra vez una extraña mujer apareció, la miró, se compadeció de ella, amorosamente le tomó la mano y la condujo hacia donde su piel la estaba aguardando todo el tiempo.

Con su piel recuperada levantó vuelo. Cantó, bailó, se deleitó leyendo, aprendió cosas nuevas, redescubrió la belleza en las cosas cotidianas. Lo que el mundo dijera de ella había dejado de quitarle el sueño.

Caminó, sin dirección aparente, dejándose llevar por la voz de su alma.

Y volver, y recordarse, y re animar el fuego.

jueves, 6 de enero de 2011

A primera vista

(acuarela sobre papel, 25 x 35 cm)

Esta vez no escribí un texto para esta pequeña obra, pero inspiró un bellísimo poema de Adriana Alba que publicó en su blog Descubriendo nuestro interior. Recomiendo muy insistentemente que lo visiten, es un blog lleno de sensibilidad y calidez.
Fue una experiencia hermosa esta producción compartida. Muchas gracias Adri y ojalá que se repita, me encantó.