viernes, 18 de febrero de 2011

El dedo índice de mi mano derecha

(carbonilla y grafito sobre papel, 48x30 cm)

No fue uno de los mejores días para el dedo índice de mi mano derecha. Una serie de acontecimientos fortuitos lo tuvieron a maltraer.

Era el cumpleaños de Rocío y desde temprano me encontraba trabajando a cuatro manos en la cocina. Empecé por el postre y empezó el calvario del dedo en cuestión.Estaba rellenando la torta con dulce de leche y cuando metí la espátula en el tarro arrastré el dedo por todo el borde que conservaba mínimos restos de la tapita de aluminio que lo recubría. El dolor fue bastante fuerte pero dije “no puedo cortarme un dedo con un tarro de plástico y menos de dulce de leche…”, así que no le di importancia y seguí con la espátula. Comprobé que no solo puedo cortarme un dedo con un tarro de dulce de leche sino que puedo cortarme dos veces el mismo dedo en el mismo lugar con el mismo tarro de dulce de leche en un intervalo de tiempo inferior a sesenta segundos.

Un rato largo lo ahogué bajo el chorro de agua fría de la canilla hasta que dejó de sangrar. Lo aplasté con un algodón cargado de agua oxigenada y después hice malabares buscando inútilmente una curita por toda la casa tratando de mantener erguido al pobre dedo herido. No le quedó otra que soportar a la intemperie, eso sí, con valentía, las inclemencias de la sal y el jugo de limón.

Cerca del mediodía la tarta de manzanas ya estaba en el horno. El tiempo estipulado en la receta se agotaba y necesitaba verificar el punto de cocción. Para ello no me valí de un cuchillo, ni un palillo, no tuve mejor idea que probar con el utensilio que tenía más a mano: mi dedo maltrecho. Con tal puntería que justo lo apoyé en una zona de la superficie de la torta en donde se había formado un burbujeante caramelo.

Corrí hasta la heladera y lo pegué en la pared de hielo hasta que dejé de sentirlo. Fue en vano el intento. Encima de los dos cortes de dulce de leche creció una terrible ampolla de caramelo.

A partir de ese momento se ve que el dedo se cansó de mis descuidos y se negó a colaborar en las tareas que todavía me quedaban por hacer para los festejos de esa noche. No puedo explicar lo difícil que fue todo, bastó con ver el deforme repulgue que alcancé a hacer sin su ayuda a las cuarenta empanadas de carne (al día de hoy continúa resentido, apenas puedo hacer clic en el botón izquierdo del mouse y utilizar la ruedita de scroll está completamente descartado).

Por la noche, sorteando las complicaciones para cortar la torta, servir el helado, destapar botellas, entre otras cosas, los sucesos accidentales de la jornada iban quedando en el olvido. Ya más relajada pude disfrutar de Benjamín, el más pequeño de los invitados. Hace tiempo que aprendió a caminar, ya corre, pero cuando encuentra algún obstáculo pide ayuda. Así que para bajar el escalón del umbral de la puerta su manito se tomó fuertemente de mi índice convaleciente. Creo haber visto juntas todas las estrellas como las que se ven en el cielo de Malargüe sin embargo…la manito chiquita de Benjamín tomando mi dedo, su ingenua mirada de un dulce azul, evaporaron en un instante todo dolor, todo mal recuerdo.

Aquella infinita ternura fue el bálsamo perfecto para cualquier tipo de herida que pudiera padecer, incluso la del dedo índice de mi mano derecha.

8 comentarios:

  1. Pobre dedo Ana!!!

    Pero la ternura todo lo cura, no hay mejor remedio que el amor de una manito pequeña o grande...según se vea.

    el dibujo precioso.

    Te dejo un fuerte abrazo y un sana,sana colita de rana, para tu dedo !!!

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  2. Hola Ana; Bonito dibujo mostranto al accidentado dedo. La ternura e ingenuidad de un niño nos hace olvidar el dolor. espero que tu dedo este ya sano Un cariñoso saludo

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  3. Jajajaja, cosas así nos han pasado a todas las que disfrutamos haciendo cosas ricas para los nuestros.....El dibujo es un encanto, seguro que tan dulce como tu tarta de manzana. Saludos

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  4. Ay Ana ¡que me ha pasado! y que manera rimbombante tienen los dedos para sangrar, una no se imagina la falta que hace un simple dedo hasta que lo tiene semi-inutilizado. Y vaya que dedicación en todos esos preparativos para los festejos, sólo el amor la mueve a una de esa manera y permite sobreponerse a las magulladuras y cortes (del dedo y de otras zonas)... la mirada de Benjamín todo lo sana ¿eh?.
    Muchos besitos para ti Ana y un "nanai" en el dedo accidentado!

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  5. jo,menuda mala suerte!!! :S pero como has podido comprobar hay balsamos naturales que curan todos los males ;)

    "sana sanita que con un beso se quita :P"

    un besico y a cuidarse

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  6. Tienes un preciosso blog con hermosos dibujos. Tu relato me a recordado unos ojitos de ternura que han llegado a mi corazón, igual como llegarón al tuyo, a pesar del dolor fisíco. Un abrazo, que tengas un lindo fin de semana.

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  7. esta asturiana te da infinitas gracias por regalarnos tu texto lleno de belleza y ternura, sin esperar ser molestia se queda de tu seguidora y te manda un besin

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  8. Cuando nos suceden este tipo de accidentes nos damos cuenta de lo limitadas que estamos sin usar un dedo, por ejemplo, sumado eso al dolor, a las corridas por llegar con todo... ufff
    Cua´nta ternura la de un nió, puede calmar todo en un segundo y cambiarlo todo para sentirnos bien.
    Me encantó esa carbonilla y lo que transmite.
    Vine gracias a encontrarte en el blog de Adriana, me ha encantado tu angel y tu hermoso gesto.
    Te dejo un abrazo.

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