jueves, 30 de diciembre de 2010

La grama y el trébol

(óleo sobre tela, 30 x 40 cm)


Trabajo realizado para Una idea, mucho arte www.unaideamuchoarte.blogspot.com


En el jardín de mi casa pasaban cosas. Una de las más lindas era la presencia de algunos espacios donde crecían tréboles. Con un poco de tiempo y observación se podía encontrar entre ellos un ejemplar de cuatro hojas, de los que dicen ser de la buena suerte.
Según parece, esta variedad de tréboles se desarrolla en suelos poco fértiles. Eso no me preocupaba. Nunca podría ser estéril aquella tierra que regalaba algo tan singular.
Pasé muchas tardes y también mañanas recostada en el césped abocada al encuentro de algún trébol de cuatro hojas. Acariciaba uno por uno, contándoles las hojitas, y cuando ya empezaba a pensar en lo inútil que era mi búsqueda, allí aparecía como por arte de magia, asomando entre los demás, los comunes, los de tres.
En este último tiempo y sin que me diera cuenta la grama bahiana invadió mi jardín y arrasó con los tréboles. La grama es como un colchoncito suave, mullido, y provoca unas muy placenteras cosquillas en los pies. Pero yo extrañaba mis débiles tréboles.
Enorme fue mi sorpresa cuando ayer descubrí una pequeña plantita de trébol que brotaba tímidamente ante la magnífica grama. No sé si conseguirá crecer y multiplicarse, no sé si el de la buena suerte germinará otra vez, probablemente no.
Muchos tréboles de cuatro hojas coseché esos días pasados. Atesoro uno de ellos en un señalador. Los demás los regalé. Quizás alguno, fruto de esas estancias en mi estéril y fecundo jardín, se encuentre atrapado entre las páginas de un libro.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Serie Pueblos: Colonia de Sacramento


(cuadríptico, óleo sobre tela 20 x 20 cm)

Sigo caminando por las callecitas.

Resulta tan lejano ya cuando

cada día era una fiesta recorrerlas.

Vibrar con la alegría de saber que

bajo la cálida luz de algún farol

algo me sorprendería en cada esquina.

Ahora se sienten silenciosas y vacías.

Si hasta las puertas, las ventanas,

los pasajes parecieran cerrados,

como si nada pudiera vislumbrarse.

Como si el tiempo, aquel que me desvela,

hubiera esfumado sus gentes, sus voces,

su música, y lo haya dejado todo detenido así.

Sigo caminando por las callecitas,

pero cuesta tanto reconocerlas.

jueves, 9 de diciembre de 2010

De las preguntas y sus respuestas


(acuarela sobre papel, 25x35 cm)


Joaco con sus tres añitos está en lo que se dice "la edad de los por qué".

¿por qué pintás, Ana? ¿por qué hay nenes que no tienen juguetes? ¿por qué le ponés las gotas a Banca? ¿y por qué te vas?

Me colma de ternura cuando pregunta con esa vocecita tan dulce, casi como cantando. Me encanta. Pero me encantan muchísimo más sus respuestas. Son maravillosas.

¿por qué estás triste, Naty? , preguntó en una oportunidad. Naty le dijo que tenía un día triste. Y ponete contenta y listo.

La vez pasada había estado gran parte de la tarde regando las plantitas de mi patio de los suspiros. Matías Rastas y Martín, aprovechando la situación para generar una nueva instancia de aprendizaje a esta bella criaturita, lo interrogaron: ¿Para qué regamos las plantitas, Joaco? Él los miraba y no contestaba, seguía en su mundo, como distraído del tema. Trataron inútilmente de estimularlo para que responda lo que ellos esperaban, continuaron con su tarea instructiva y terminaron revelándole que el agua es para las plantas como la comida para nosotros. Con el agua toman, la tierra es la comida, dijo finalmente el pequeñito mientras seguía jugando.

Los otros días el tío Mariano le preguntó: ¿Cómo llegaste a la panza de mamá?

Nadando, respondió Joaco inmediatamente con total naturalidad, como si se tratara de algo más que obvio.

Nos dejó a todos sin palabras, sólo nos limitamos a intercambiar miradas de asombro y sonrisas inquietas.

Por las dudas no quisimos seguir preguntando. Y no por evitar perturbarlo en cuestiones que aún desconoce, creo que fue más por temor a perturbarnos con respuestas que ya olvidamos.