jueves, 22 de julio de 2010

Bianca

(acuarela sobre papel, 25 x 35 cm)


Aquí estás, Bianca, mi gordísima, mi chiquita gigante. Cuánto te quiero. Aunque duermas en mi cama cuando no estoy (te aclaro que me doy cuenta cuando llego, porque encuentro mi cama calentita y repleta de tus pelos).
Amiga sincera si las hay. Sé por vos que toco terriblemente mal el piano. Cuando lo hago, a veces te recostás en el sillón, te hacés la dormida y cada tanto suspirás bien exageradamente para que yo lo note. Otras veces directamente me sacás la mano del teclado con tu hocico y ponés tu gran pata sobre mi regazo, tengo que acariciarte un largo rato para dejarte satisfecha y vuelvas a tu natural posición, desparramada en el suelo, o en algún sillón de la casa.
Buscadora de tesoros. Cuando te hiciste de algún trofeo, como ser un repasador, una pantufla, una media, alguna prenda mía, venís enseguida a mostrarme. Yo ya lo presiento cuando te escucho llegar, es inconfundible tu andar triunfante. Después se viene el circuito chico alrededor de la mesa del comedor, y el grande, pasillo - lavadero - cocina. Puede pasar mucho tiempo hasta que te pueda atrapar, no hay obstáculo que ponga que pueda con vos. Y si no encontrás nada interesante, aprovechás el descuido de alguno que dejó la puerta abierta del baño, te llevás el papel higiénico y me lo repartís en pedacitos por toda la casa.
Glotona sin remedio. ¿Cuántas empanadas me robaste de la mesada? Ya ni recuerdo. Creo que llevás unas cuantas docenas en tu haber, sin contar la media tarta de jamón y queso, varias porciones de pizza, las albondiguitas congeladas que tenía reservadas para el estofado, y en más de una ocasión mi tostada de pan integral con queso y mermelada que me preparo para el desayuno. Tu último atracón fue imperdonable, te tomaste el aceite de la sartén, y con qué esmero la dejaste reluciente!. Ni me quiero acordar lo que tuve que limpiar después, y de las patinadas que me pegué en la cocina. Si hasta te comés las miguitas que dejo en el jardín para los pájaros.
Perra hipocondríaca. Sí, escuchaste bien, hi-po-con-drí-a-ca. Tu historia clínica en la veterinaria es interminable. Si no es otitis, un parche caliente o te hinchás como un sapo por una picadura de abeja, pegándonos flor de susto. Y ahí andás, contenta con tu collar isabelino a cuestas, llevándote paredes, muebles y toda suerte de objetos por delante.
Compañera en los paseos. No digo te saco a pasear porque estaría faltando a la verdad, creo que vos me sacás a pasear a mí, me traés la correa para salir. Sucede lo contrario al común de los casos, la que va adelante soy yo tironeando de la correa para hacerte caminar, ni hablar cuando te sentás, me mirás con esa cara como diciendo hasta aquí llegó mi amor y no hay quien te haga levantar. Sólo llevás la delantera cuando divisás algún gato distraído del barrio. Ahí sí, pobre de mí, me tengo que agarrar de algún poste, una columna, una reja para que no me lleves como un barrilete. Pero cómo te gusta cuando te dicen piropos por la calle, vas moviendo tan graciosamente las caderas, y tu cola va de aquí para allá como un plumero, que nadie duda de tu condición femenina. Tampoco se te escapa ningún pañuelito de tissue en el recorrido, me tengo que poner muy enojada y gritarte "Soltáa!!" para que lo dejes, y a veces te los tengo que sacar. En esos momentos te mataría, mirá. Igual te encanta pasear conmigo, se nota en las miradas risueñas que me regalás en el camino.
Juguetona como pocas. Me traés la pelotita para jugar, tengo que hacer grandes esfuerzos para sacártela de la boca. Te tiro la pelotita llena de baba y vas corriendo a buscarla. Cuántas veces sucede esto? No muchas. Una vez vas corriendo, a la segunda vas caminando, y ya en la tercera ni te molestás en ir a buscarla.
Intuitiva e incondicional. Aquí estás, Bianca. Te conozco tanto. Me conocés tanto. Sabés de mis tristezas, y ahí estás para secarme las lágrimas y sacarme alguna sonrisa, de mis soledades, y ahí estás pegada a mí como mi sombra. No quiero siquiera pensar en cuando tengamos que despedirnos. Pero no, no pensemos ahora. Prefiero mirarte, y que me mires. Basta mirarnos, Bianca.

domingo, 11 de julio de 2010

Serie "Bares": El Drugstore - Colonia del Sacramento

(tinta y acuarela sobre papel, 25 x 35 cm)


Un encuentro en algún bar
de algún otoñal mediodía.
En la mesa el vino, el pan
y una ensalada bien fría.
Acompañando a la música
de los platos y cucharas,
envueltas en cálida brisa
resuenan nuestras palabras.
No lo sé, sospecho que
tiene algo especial el día,
sobre el colorido mantel
tu mano busca a la mía.