martes, 22 de junio de 2010

Ventanas


(acuarela sobre papel, 25 x 35 cm)

Cuando salgo a caminar me gusta imaginar lo que está sucediendo en ese preciso instante detrás de todas las ventanas. Mis fantasías varían según la hora del día. Muchas veces se van nutriendo de los aromas y sonidos que las ventanas me hacen llegar.
Así, por las mañanas, el olor del café y del pan recién tostado, la radio anunciando la hora y la temperatura, dan cuenta que allí todo comenzó, sus ocupantes ya están subidos a la gran rueda del nuevo día. Algunos apurados, como siempre, yendo y viniendo por las habitaciones, abriendo y cerrando puertas y conversaciones. Otras ventanas silenciosas me dicen que están todavía remoloneando en la cama, sabiendo que hay que cocinar el nuevo día, pero permitiéndose algo de licencia para empezar. También encuentro ventanas cerradas, me hace suponer que todos duermen allí, algunos solos, otros acompañados, inmersos en vaya a saber qué sueños. Aún no comenzó para los que duermen. El día es futuro.
Por las noches el panorama es por demás fascinante. Las ventanas filtran la luz del interior de las viviendas. En algunas se nota que todos han regresado de su día. Ruidos de platos, olorcito a comida, los televisores encendidos hacen juegos de luces en las ventanas. Puedo imaginarlos alrededor de la mesa, intercambiando miradas, contándose y compartiendo cosas mientras cenan. Hay ventanas que todavía esperan la llegada de sus dueños, estarán en alguna parte, ansiosos por dar fin a una dura e intensa jornada. Y están aquellas ventanas cerraditas, donde apenas logra vislumbrarse una tenue lucecita, con sus habitantes soñando nuevamente. Ya terminó para los que duermen. El día es pasado.
Otras vidas con sus historias, ajenas, desconocidas y simultáneas a la mía.
Mientras tanto sigo caminando. Voy disfrutando, de tanto en tanto, del delicioso ruidito que se siente al pisar ciertas ramitas amarillas de no sé qué variedad de árboles cuando, aparentemente secas, aún conservan algo de vida en su interior.

sábado, 12 de junio de 2010

Un haiku para mi ginko


(acuarela sobre papel, 20 x 30 cm)


ginkos dorados
como siempre en otoño
y en mi vida.

martes, 8 de junio de 2010

Colonia

El fin de semana que pasé en Colonia fue particularmente reparador y un verdadero sosiego para mi espíritu.

Caminé por sus callecitas maravillada, colmada de placer, no hacía otra cosa más que contemplarlo todo a mi alrededor. Me entregué al paisaje y respiré profundamente aquel aire cargado de un no sé qué, me es difícil de poder explicar con palabras.

Mi estadía fue demasiado corta para mi gusto.

Últimamente el tiempo no me alcanza, siempre me deja con ganas de más, todo es tan breve.
Me prometí volver, permanecer en ese lugar encantador, que el tiempo me pierda y me deje disfrutar un poco más.



Imágenes, miradas, aromas... Vivencias que quedarán por siempre dentro de mí, a pesar del tiempo.


domingo, 6 de junio de 2010

Los comesebos y el chingolo

(acuarela sobre papel)

Nos encontrábamos en un paisaje desolado por la erosión del tiempo. Allí, sobre una enorme piedra, revoloteaban muchos pájaros de colores vibrantes. “Comesebos” se llaman, me dijo el guía, y dándome una masita, al segundo todos vinieron a comer de mi mano. Uno fue bastante audaz, apoyó sus patitas en mi dedo y se quedó un rato largo. Entre esos pájaros coloridos había un chingolo, pero los otros no lo dejaban venir. Repartí entonces la masita por toda la piedra y así comieron todos a la vez. El chingolo pudo acercarse aprovechando el alboroto y la distracción de los demás, y comió algunas miguitas.
Cuando me quise dar cuenta, todas las personas se habían ido. El guía tuvo que venir a buscarme.
Me pregunto qué hacía ese chingolito tímido, acaso postergado, entre aquellos pájaros de atractivos colores, tan diferentes a él.