jueves, 18 de noviembre de 2010

El remisero

(acuarela sobre papel, 25 x 35 cm)


Vino a buscarme al consultorio médico y subí. ¿Fue de la dra. Amanda, no? Respondí afirmativamente. Y ahí nomás empezó. El diálogo con este conocido remisero siempre se compone de incontables oraciones repletas de muchísimas palabras por su parte y aisladas frases compuestas de un par de monosílabos por la mía.
Por diversas razones, principalmente para no aburrir demasiado al lector y también principalmente porque no tengo capacidad para retener tanta información, voy a sintetizar un poco bastante la conversación.
Médicos como Amanda ya no quedan.
No, es cierto.
Aprendí a mirarlo por el espejito retrovisor, antes, no sé por qué, le miraba la nuca.
Mi padre, ese sí era un médico...
El tema del viaje de esa tarde ya estaba presentado. Hasta ahora me contó sobre la influencia de las retenciones a la exportación ganadera en el precio de la carne, sobre el verdadero frío que era el que hacía antes, cuando era chico y vivía en el campo, entre otras tantas historias. En esta ocasión retomamos las andanzas del padre médico.
Me acuerdo de ver desfilar por el consultorio un montón de mozos que tenían problemas con los pies, y mi padre los trataba. (mis fantasías me traían la imagen de una fila interminable de mozos, bandeja en mano, esperando ser atendidos por el doctor)
Qué bien.
Sí. Una vez mi madre lo retó porque había dejado al alcance nuestro
(se refería a él y sus hermanos) un frasco. ¿Sabe qué tenía el frasco?
No, ¿qué?
Nitroglicerina. Es una mezcla de ... con ...
(no sé qué sustancia química me dijo con no sé qué otra sustancia química, pero a esta altura ya lo olvidé, es una avalancha de desconocidos términos para mí y por más que hago algo de esfuerzo en concentrarme y seguirlo, muchas veces, sino todas, me pierdo). Con eso les curaba las callosidades a los mozos. Quedaban perfectos!! Se iban chochos!!
Ah!
y le sonreí. Pensaba en como quedarían los pobres pies de los mozos después de ser tratados con nitroglicerina.
Sí. Mi padre era un pionero. Utilizaba la técnica de Finochietto (qué técnica sería esa, pero no pude interrumpirlo). Fue el primero en practicar iseminación artificial (ahí ni quise preguntar)
Mm
Hacía rato que quería decirle que no iba para mi casa, pero no me dejaba meter bocadillo.
Y también la t... (no sé cuanto)
¿Y eso qué es?
Parecía que lo estaba esperando, aunque creo que si no le preguntaba iba a explicarme igual.
Es hacer injerto de células de animales, de personas (pariente del Dr Frankestein el hombre), mi padre ya en ese entonces usaba las placentas humanas. Una vez vino un paciente, pobre, no podía dormir. Y le hizo un injerto de células de placenta. Cuando salió del consultorio se quedó dormido en el banco de la plaza durante 24hs! La familia estuvo todo un día buscándolo.
Qué bueno!
Casi largo la carcajada, pero me contuve.
Cuando el remisero alcanza este nivel de exaltación, comienzo a preocuparme seriamente en si voy a llegar viva a final de recorrido. Muchas veces tengo que avisarle: Mire que por acá no es.. o Tiene que doblar acaaá!!... tarde, porque ya siguió de largo. Lo observaba hablar, gesticular dejando el volante a la buena de Dios, y los ojos revolear desorbitados. Tuve suerte ese día, porque nos pasaban los autos raspando en las esquinas y se salvaron milagrosamente varios transeúntes de ser atropellados. Pero a esa altura ya estaba entregada y preferí distraerme con la charla.
Y tenía un ojo!! Apenas veía a los pacientes en la sala de espera ya sabía qué tenían. Haceme pasar a aquel que tiene un cáncer. Impostaba una voz baja cuando interpretaba al padre, grave, seria.
Una vez fue un tipo a hacerse ver. Le contó los síntomas que tenía (no me acuerdo cuáles me dijo, si me hubiera conocido el padre seguro que me recetaba un tónico para la memoria). Entonces le dijo: ¿Y no le trataron el Saturnismo? (el saturnismo? acaso también era astrólogo o algo parecido? Para variar, no sabía qué era, pero lo supe a continuación.) El saturnismo es la intoxicación por plomo. ¿Sabe cómo se dio cuenta? Por la planta de los pies.
Ajá

Cuando se detuvo para respirar pude decirle: Mire que no voy a mi casa, voy a la esquina de Alberdi y Brown.
Bueno, no hay problema...Mi padre revisaba a sus pacientes desde la punta de los pies hasta la punta de los cabellos. Esos eran médicos. No como los que se reciben ahora.
Claro
Estuvo tres años para rendir Anatomía, ahora lo hacen en tres días. Y uno cae en manos de cada medicucho
(sí, y de un remisero delirante también, pensé).
Sabe lo que le dijo una vez el Dr. Ivanissevich, el mejor médico que tuvo nuestro país? Con médicos como vos, Manolo, estamos salvados!
Habíamos llegado, ya tenía un pie en la calle y no podía terminar de bajar, seguía contando y contando. No había forma de detenerlo, encima me da cosa dejar a alguien con la palabra en la boca. Hasta que concluyó muy emocionado: Nunca me voy a olvidar cuando le dijo a mi madre: A mi me pueden dejar en pelotas en medio de Plaza de Mayo y voy a seguir siendo el Dr. Manuel García.
Y fue imposible no conmoverme al despedirlo.
Podría seguir enriqueciendo este relato con más de las insólitas anécdotas que supe sobre el doctor Manuel García en ese viaje, pero no puedo, ya está esperándome en la puerta el remis. Otra vez el Duna blanco! Y bueno, no me queda más remedio que dejarme llevar quién sabe a dónde mientras voy para la escuela.

3 comentarios:

  1. Ana
    Como otras veces, y ya casi nos vas acostumbrando, tus textos nos siguen sorprendiendo por su gran calidad y, además, siempre acompañados de tus inspiradas ilustraciones. Me recuerdas en tus narraciones a Garcia Márquez al describir de forma brillante a esos personajes, mezcla de realidad y fantasía.
    Tuve que buscar el significado de "remisero", que desconocía, para poder entender mejor el texto.

    Un abrazo. Reyes

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  2. Jajaja, los remiseros y los taxistas son casi "terapéuticos"...(si sabemos ponerle fin a la sesión)

    Lo que me sorprende es la parte que tomaste y que inspiro tu trabajo.... es fantástico como nos anclamos en determinados lugares cuando nos cuentan algo y todo lo otro "desaparece"


    ...los pies son fuente de inspiración
    Según algunos sabios chinos en sus plantas está nuestra historia.

    Ana yo desconozco de técnicas en la pintura,te habrás dado cuenta por mis comentarios, pero me sucede como cuando escucho algunas óperas, me guio por lo que mi alma me dice, ella es la que elige... no yo.

    Hasta el consultorio del Dr.García me pareció familiar.

    que lindooo!!!
    Y que texto fabuloso!

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