domingo, 1 de agosto de 2010

Serie "Bares": El Samovar de Rasputín

(óleo sobre tela, 100 x 60 cm)

Ayer terminé "El Samovar" en el taller de los pintores del lago. Se acercó mi profesor y me dijo que es una pintura femenina. Vinieron mis compañeros y comenzaron a observarla, tratando de captar y dilucidar si era ciertamente femenina. Entonces le pregunté a Jorge: ¿Cuándo una pintura es femenina? En primer lugar me aclaró (afortunadamente) que no se trata para nada de desvalorizar una obra porque pertenezca a una mujer, sino que tiene un no sé qué, transmite que hay una mirada femenina. Mencionó a grandes artistas como Lola Mora, Camille Claudel y Frida Kalho. Y sí, aunque las pinturas de Frida sean tan crudas, tan trágicas, son absolutamente femeninas.
La conversación continuó sobre las sensaciones que provoca pensar en cuanto a arte. Por ejemplo, la poesía. Jorge decía que cuando él piensa en poesía, piensa en la noche y una mujer. Sería muy extenso reproducir aquí todos los comentarios que se dispararon sobre el tema, cada uno con sus preferencias...
Continuó su imperdible clase contando que una pintura, así como un poema o una melodía, narra algo. A veces eso que narra puede ser percibido por el espectador, y otras permanece oculto. Y se narra de distinta forma, con distintos estilos. Mi cuadro, parece que narra al estilo de García Márquez, según Jorge y mis compañeros, por el detalle y la diversidad de elementos que contiene, además de tener un dejo de estilo mexicano o centroamericano, por el uso del color.
El análisis derivó luego en gustos literarios. Hubo quien prefería a García Márquez con todos sus personajes, donde cada cuento suyo es una novela chiquita, como "El ahogado más hermoso del mundo", hermosísimo cuento por cierto. A otros les gusta más Borges, o Cortázar, pocos personajes en sus obras, pero muy significativos, como Funes el memorioso, o los dos hermanos en Casa Tomada.
Regresando cada uno a su tarea, Jorge se acercó y me hizo recordar algo que me había enseñado en las primeras clases. Una pintura tiene que provocar algo en el espectador, no tiene que ser fácilmente comprensible a su mirada, así tendrá que detenerse en ella un tiempo observándola, analizándola, luego le gustará o no, pero seguramente no podrá seguir de largo.
Cuando llegué a casa y le mostré el cuadro a Rochi, me preguntó "¿Por qué el perro es azul?", y no pude más que sonreír.

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