lunes, 10 de mayo de 2010

Eternidad


(óleo sobre tela 50x60)


Llegamos al glaciar Perito Moreno y emprendimos el minitrecking. Comenzó a nevar otra vez. De pronto me encontré en un paisaje blanco matizado con azules intensos y la nieve cayendo lentamente, porque la nieve cae así, en cámara lenta, envolviéndome de manera suave y amorosa. Me sentí transportada, todos los demás habían desaparecido, silencio absoluto, lejos, muy lejos de este mundo. El tiempo, como todo lo que había allí, se había congelado. En un primer momento el único pensamiento que venía a mi mente era que tendría que plasmarlo de alguna forma, pintarlo, escribir, para que no se esfumara de mi mente. Sólo deseaba quedarme por siempre, envuelta por esos copos de nieve suspendidos en el aire que no dejaban de danzar. Inmenso paisaje blanco y azul que me susurraba los secretos que guardan sus montañas, su bosque, sus hielos eternos y cada recóndito lugar, imposible de vislumbrar, al que conducen aquellas grietas. Algo encerraba todo aquello, algo oculto, misterioso, me invitaba, insistía en revelarse ante mi. Visualicé finalmente la imagen de un amor entregándose por el infinito, fuera de todo tiempo y dimensión.

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